Casus Belli

Mi primer libro, publicado por la editorial De Librum Tremens en marzo de 2007, es una novela de ficción política y bélica. Si estás harto de que los españoles nos dediquemos a torear y a dormir la siesta, a pasear santos por la calle y a bailar sevillanas, y todo mientras los americanos salvan el mundo, tal vez deberías echar un vistazo a esto...

viernes 31 de diciembre de 2010

¿Qué es Casus Belli?

Casus Belli es una expresión de Derecho Internacional usada para definir una causa suficiente para una guerra.
Pero es también una ficción política y militar que nos sitúa en la época actual.
Israel inicia una sangrienta ofensiva contra los territorios palestinos, provocando el rechazo de la comunidad internacional. Al mismo tiempo, el recién elegido presidente de Estados Unidos da un cambio radical a la política exterior de su nación retirándose de Irak y condenando las acciones israelíes. En plena huída hacia delante, el líder hebreo lleva a su país a una nueva guerra contra las naciones árabes, una guerra que extiende su sombra sobre Europa y América y que amenaza con enfrentar a antiguos aliados... Los personajes de Casus Belli harán uso del armamento más sofisticado para luchar en un conflicto de alcance mundial cuyo primer escenario será el sur de España.


¿Qué harías si la máquina de guerra más poderosa del mundo invadiera tu país?
Conoce más sobre Casus Belli en la página de la editorial De Librum Tremens, http://www.delibrumtremens.com/
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jueves 24 de diciembre de 2009

Feliz 2010


lunes 29 de diciembre de 2008

¿Ejerciendo de Nostradamus?

El informativo de la mañana hablaba del último atentado en Bagdag, que había costado la vida a ocho marines. Al parecer los insurgentes pretendían despedir a los americanos con fuegos artificiales. Entonces el locutor apareció sentado ante una composición con las banderas hebrea y palestina, cambiando de noticia y haciendo mención a una nueva ofensiva israelí en Gaza. Inmediatamente apareció un reportero provisto de casco y chaleco antibalas hablando de los ataques aéreos hebreos. Según la crónica, esa misma mañana varios cazabombarderos habían atacado las poblaciones de Gaza, Khan Yunis y Rafah, causando una devastación insólita.









Imagen tomada del periódico El Mundo, versión digital. 28/12/2008




Por detrás del reportero se podía ver una inmensa columna de humo saliendo tras unos edificios semidestruidos. El periodista continúo diciendo que se habían empezado a ver varios helicópteros Apache israelíes sobrevolando las ruinas y disparando sus cohetes ocasionalmente. La siguiente imagen mostraba una muchedumbre que huía llevando a varios heridos en volandas, mientras al fondo ardían tres coches en medio de una plaza.



Imagen tomada del periódico El Mundo, versión digital. 28/12/2008

El fragmento anterior no forma parte de las noticias de ningún periódico ni está sacado de telediario alguno. El texto está literalmente copiado del capítulo I de Casus Belli, La furia de Sión.
Varias son las coincidencias a día de hoy, finales de 2008. El próximo año nos traerá un relevo en la Casa Blanca que ya es histórico. Son muchos los que afirman que Obama retirará por fin a las tropas estadounidenses de Irak, tal como hace en Casus Belli el recién elegido presidente demócrata John Keen.
De forma simultánea, Israel endurece sus acciones atacando posiciones palestinas, la comunidad internacional alza la voz para protestar una vez más y los vecinos de Israel empiezan a ponerse nerviosos...
Ficción y realidad se dan la mano. Sólo espero que los personajes de esta truculenta historia real se salgan ya del guión de Casus Belli.
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lunes 2 de julio de 2007

Presentación en Cartagena

La presentación de Casus Belli tuvo lugar en Cartagena el viernes 18 de mayo, a las 20:00 horas.

Acudimos al Club Naval de Oficiales tres autores de la editorial De Librum Tremens: Alberto Pertejo, autor de Los demonios de azul, una novela sobre un piloto español que se ve metido en un buen fregado durante la Segunda Guerra Mundial. El hecho ocurrió en realidad, y el autor ha llevado al piloto hasta los cielos soviéticos durante la batalla de Kursk. Luis Mollá presentó La tumba de Tautira, una novela sobre navegantes españoles en el siglo XVIII que se pasea desde las aguas del Pacífico hasta la Batalla de Trafalgar. Ojo, con conocimiento de causa: Luis es capitán de fragata de la Armada y una enciclopedia andante, aparte de una institución entre sus compañeros de armas. Bueno, también estaba yo, claro, el más novato, con mi Casus Belli.

Mi impresión fue muy grata. Nuestros marinos son unos tíos formidables que me acogieron con gran simpatía. Unos auténticos caballeros. Y sus esposas unas verdaderas damas. Bueno, tras la presentación, que salió muy bien, hubo turno de firmas, vino español y al final cena rociera a la que tuvieron el detalle de invitarnos, aparte de no descuidarnos ni un solo instante y agasajarnos sin descanso. En serio, tanto mi mujer como yo hemos quedado encantados con nuestra Armada.




Salón de Bitácora del Club Naval de Oficiales de Cartagena. Los autores estamos situados junto a nuestros presentadores. Primero por la derecha, Alberto Pertejo, autor de Los demonios de azul, fue presentado por el coronel jefe del Tercio de Levante (Infantería de Marina), a su lado. A continuación estoy yo, je, je... y a mi lado mi presentador, el capitán de navío Ferragut, que me hizo una presentación muy simpática. Después está el jefe de la flotilla de cazaminas, también capitán de navío, y a su lado Luis Mollá, autor de La Tumba de Tautira.





Otra imagen del acto. El capitán Ferragut introducía mi turno en ese instante. Aunque parezca que estoy concentrado, en realidad me estoy encomendando a todos los dioses modernos y antiguos y a algún que otro demonio. Menos mal que los asistentes fueron muy amables con nosotros y no nos pusieron en aprietos...

domingo 1 de julio de 2007

Una cita comprometida

Espacio aéreo sobre el Estrecho de Gibraltar. 26 de abril. 17:00.


—Atención, atención, aquí Fuerza Aérea Española llamando a las tres aeronaves en treinta y seis diez norte, seis quince oeste: están entrando en espacio aéreo español. Identifíquense...
El aviso no recibió respuesta, así que Robles lo repitió en inglés y siguió operando con la radio. La llamada de Rivas lo interrumpió.

—¡Toro 11, ahí vienen!

Robles se inclinó a la derecha y pudo ver el Mirage F–1 trepando a toda velocidad. Ya no se trataba de puntos en una pantalla; era indudable que aquel piloto quería pasar a su lado a propósito, pero los dos españoles mantuvieron su rumbo. El caza marroquí se cruzó por delante de ellos a menos de cien metros y en cuanto lo hizo comenzó una picada hacia el norte.
—¡Y ahí están los «pavos»! —se oyó gritar de nuevo a Rivas.
El sorprendido capitán Robles dejó de prestar atención al magrebí y volvió de nuevo la vista hacia África. Los dos F–14 tuvieron que corregir su rumbo para esquivar a los cazas españoles pero continuaron la persecución picando a su vez. En aquellos momentos los tres aparatos sobrevolaban ya Andalucía.
—Esto es pasarse, Toro 12 —dijo con seguridad Robles al ver invadido el espacio aéreo español—. Vamos tras ellos.
Robles y Rivas maniobraron virando hacia la izquierda e imprimieron potencia a sus cazas para seguir la estela de los F–14. Casi de inmediato pudieron distinguir la inconfundible silueta costera de la ciudad de Cádiz. Tenían a los Tomcat a la vista pero ya no se veía el Mirage. Robles consultó su radar: el F–1 había seguido un rumbo norte, lo que le hacía entrar aún más hacia el interior de Andalucía. Robles repitió su llamada a los tres cazas que violaban el espacio aéreo español.

Toro 11, aquí Foxtrot 33 —llamó apremiante la voz desde la Infanta Elena —. Tienen dos F–14 más tras ustedes. Uno ocho cinco desde su posición y a su altura.
El capitán Robles estaba demasiado ocupado persiguiendo a los F–14, que ahora viraban hacia la derecha. El chirrido de alerta sacó al joven de su concentración sobresaltándolo. Acababa de ser adquirido por el sistema de seguimiento de un radar.
—¡Toro 12 —avisó a su compañero embargado por una creciente sensación de angustia—, me han enganchado!
—¡A mí también, compañero! —contestó Rivas, no menos preocupado.
Robles giró la cabeza tratando de localizar visualmente al caza que le acosaba pero no pudo ver nada. Seguramente el F–14 perseguidor estaba aún lejos. Robles volvió la vista al frente y vio asombrado que había perdido a los cazas que él mismo perseguía.
Toro 12, me he despistado. ¿Dónde están los de delante? —dijo intentando elevar la voz sobre el continuo chirrido de la alerta radar...

Batalla en el Estrecho

Océano Atlántico, Portaaviones USS Roosevelt. 13 de mayo. 06:15.


En la central de información de combate del Roosevelt no había nadie ocioso. Tan sólo el jefe del grupo de ataque permanecía en pie en medio de la sala, observando las pantallas y escuchando repetir las numerosas informaciones que se recibían desde los demás buques americanos.
El avión AWACS E–2 acababa de ser derribado, con lo que habían perdido el contacto con lo que ocurría unos kilómetros más allá. Sin embargo, antes de caer, el Hawkeye había avisado de las diferentes oleadas de aviones que habían salido de la península ibérica hacia ellos.
—¡Quiero otro AWACS en el aire ya! —tronó el almirante, furioso por la pérdida del valiosísimo Hawkeye.
—Despegará enseguida, señor —le contestó el jefe del ala aérea, que aún podía seguir mediante los radares navales el combate entre dos F–14 y cuatro cazas europeos que se desarrollaba a alta cota. Más abajo era imposible detectar a los aviones de ataque, que se mantenían bajo el horizonte. El mal tiempo no ayudaba mucho.
—¿A qué demonios está esperando? —preguntó irritado el almirante.
—Señor, vamos a lanzar los últimos F/A–18 que tenemos antes —contestó el jefe del ala aérea tras distraer su atención del combate aéreo—. Si ese E–2 despega sin escolta lo eliminarán, igual que han hecho con el primero.
—Atención, el Porter ha detectado a varios aparatos a unos cien kilómetros en marcación cero cuatro cinco, están ascendiendo... —alertó uno de los operadores tácticos de la CIC— ¡Atención, los bandidos acaban de disparar! Tenemos varios posibles misiles aire–superficie viniendo hacia aquí!... ¡Nuevos disparos! ¡Más misiles antibuque! ¡Son muchos!
—Quiero saber qué tipo de misiles son —el oficial de defensa aérea del grupo comenzó a dar órdenes para coordinar las maniobras de respuesta y los sistemas Aegis se pusieron en funcionamiento identificando cada misil agresor y calculando su trayectoria.
De forma totalmente automática, los misiles SM-2 empezaron a ser lanzados desde sus nichos en las cubiertas de los buques americanos. Despegando verticalmente, describieron una parábola hasta adquirir una dirección general noreste. En la CIC del Roosevelt continuaba la tensión.
—¡Atención! —alertó el mismo operador táctico—. Más bandidos desde cero cuatro cinco han hecho varios lanzamientos. Se ha clasificado a los primeros como misiles antibuque RBS–15, pero estos últimos no emiten.
—Mierda, misiles anti–radiación —dedujo el oficial de defensa aérea.
Aunque había sido entrenado para supuestos como ese, con múltiples ataques simultáneos, era la primera vez que se los hallaba en una situación real. Trató de concentrarse en su trabajo, pero cada pocos segundos llegaba una nueva información que le obligaba a replantear la defensa.
—El sistema Aegis está funcionando —interrumpió uno de los operadores—. Hay varias explosiones a treinta kilómetros...
—¡Atención! El Churchill avisa de que varios bandidos han abierto fuego desde cero ocho uno, a unos cincuenta kilómetros. Tienen detectados varios aparatos tipo Mirage–2000 y emisiones tipo Super Adac. Clasifican los misiles como Exocet. Joder, hay
muchos antibuque volando…

Vendiendo cara la piel en Ceuta


Ceuta. 2 de junio. 13:07.

—¡Chimo! ¡Chimo! —gritaba el joven legionario mientras se movía en cuclillas, pegado al muro semiderruido.

Desde detrás de un montón de escombros alguien agitó una mano, indicando al legionario que se acercara. A unos cincuenta metros tuvo lugar una explosión que levantó una nube de polvo. El legionario se tumbó y recorrió reptando el tramo que le separaba de su compañero.

Allí, a cubierto del fuego enemigo, el legionario a quien todos llamaban Chimo permanecía tirado, con la boca y la nariz tapados por un pañuelo atado por detrás, y aferrado a su rifle de precisión de 7,62 milímetros. Tenía las cejas llenas de polvo, de modo que parecía más viejo de lo que era.

—¿Qué pasa? —dijo sin apartar la vista de la mira telescópica de su arma.

—Mora ha caído en la puerta del banco —informó el recién llegado mientras luchaba por aplastarse contra el suelo—. Ahora tú mandas el pelotón.

Chimo no contestó.

Tenía localizado a un marine americano que, después de salir corriendo de un portal, se había refugiado tras el amasijo de hierros ennegrecidos que antes había sido un coche. Presionó ligeramente el disparador del rifle hasta que encontró una leve resistencia e inspiró profundamente, esperando que el marine corriera un nuevo tramo.

—Tú eres el más antiguo, Chimo. Tienes que decidir qué hacemos —siguió hablando el joven legionario—. Antes de perder la transmisión, le dijeron a Mora que podíamos acercarnos al puerto.

Pero Chimo siguió callado, esperando al marine y aguantando la respiración.

De repente el americano salió corriendo y dejó atrás el vehículo quemado, Chimo centró la mira telescópica un poco por delante de su trayectoria y disparó, sobresaltando a su compañero. Después cerró los ojos unos segundos, reteniendo la imagen del americano estremeciéndose al recibir el impacto.

Cuando los abrió volvió a ver al marine abatido tirado sobre los cascotes de la calle, a más de cien metros entre las ruinas. Los disparos de sus compañeros disparando a ciegas arreciaron durante unos segundos.

—Hay que cambiar de posición —masculló mientras sacaba el cargador del fusil y lo guardaba en su mochila. Tras colocar un nuevo cargador, retrocedió arrastrándose, se bajó el pañuelo y desapareció por un hueco en la pared. El joven legionario siguió tras él.

—Chimo... ¿Me has oído? Mora ha caído. Ahora tú mandas el pelotón —insistió.

—Te he oído, te he oído. A Mora le ha durado poco el ascenso. ¿Dónde están los otros?

—En la puerta del banco. Estamos atascados y me ha tocado venir a buscarte. Me he jugado la vida para encontrarte, Chimo —le contestó el joven, que le seguía con dificultad por la planta baja del edificio, llena de pedazos de pared y de escombro.

Salieron a la calle por el lado norte del edificio. Tras las ruinas de los locales del puerto de Ceuta vieron alzarse un helicóptero que se desplazó a toda velocidad hacia el mar, en dirección a Andalucía. No quedaba ningún buque ya en el puerto, salvo los que habían sido destruidos y permanecían semihundidos...

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